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El dragado

 

En realidad el predio de aquellos días era un pajonal rodeado de playa, inaccesible hasta para un bote y mucho menos para un barco. Los planes de preparación del terreno eran interesantes pero los fondos para realizarlos eran escasos. Surgió un contacto con Bunge & Born quienes en ese momento estaban abocados a rellenar un terreno de su propiedad – el actual San Isidro Chico – y necesitaban material para ese relleno. Se hizo un acuerdo con esa empresa y así fue como se empezó a trabajar con una enorme draga entregando parte del material para relleno del San Isidro Chico y parte para el propio Albatros. Así fue como se fueron consolidando los primeros terraplenes en una obra lenta y de gran paciencia dado que sólo podía trabajarse cuando la altura del río lo permitía. En 1965 se dio por concluido el acuerdo con Bunge & Born estando a ese momento dragada la bahía del Club Sudeste, el canal de entrada y una buena parte de la bahía principal. Finalmente, se obtuvo una pequeña draga de la Dirección Nacional de Hidráulica de la Provincia de Buenos Aires la cual trabajo exactamente durante un año y se retiró después de haber completado el dragado de la bahía principal, el canal de comunicación y parte de la bahía chica. Dado que los fondos eran escasos se obtuvo la colaboración económica del SOIVA y de la Sociedad Gallega que en aquel entonces lindaba con el Club. Se siguió avanzando en el dragado de la bahía de atrás hasta que se encontró una gruesa capa de tosca que dificultó el trabajo de la draga. El material extraído de la misma, se utilizó, entre otras cosas para el relleno del varadero. Comisiones Directivas posteriores se encargaron de terminar con pluma la remoción de la tosca encontrada. En una primera etapa, el material se fue acumulando en las zonas destinadas a ser tierra firme, hasta alcanzar una altura aproximada de 1,30 metros. Para seguir elevándolas fue necesario construir terraplenes perimetrales de modo de formar una especie de piletones que contuvieran el barro líquido que extraía la draga. Fue así como se consiguió una partida de bolsas de arpillera muy baratas por estar en malas condiciones, las que se llenaron con barro chirle y se las utilizó para construir una trinchera de 1,40 m de alto por 1,50 m de ancho. Esto fue lo que constituyó el actual perímetro del varadero y dársenas. Este arduo trabajo se llevó a cabo contratando personal cuando fue posible y por los mismos socios cuando no se contaba con obreros suficientes. Así fue como durante dos años y medio, Gerardo Novoa, Federico García y Aldo Marchi estuvieron yendo al Club todos los días que les permitían sus obligaciones de trabajo y permanecían trabajando hasta la caída del sol hombreando bolsas llenas de barro. Otro asocio de aquellos tiempos a recordar es Ismael Becchi, quien tuvo una destacada labor en el ámbito de la Comisión Directiva. Los demás socios concurrían los fines de semana y volcaban allí toda su voluntad y esfuerzo.