Los primeros socios
Para continuar con las obras de dragado había que recurrir a fondos propios que no se tenían. Se convocó a una asamblea para tratar el tema la cual decidió hacer una rifa y convocar a una conscripción de socios. De la rifa sólo se vendieron la mitad de los números entre los cuales estuvo el premiado con lo cual, prácticamente sólo se recuperaron los gastos y no se obtuvo ningún beneficio para la obra. Se propuso la idea de hacer socios vitalicios, lo cual era muy difícil de concretar dado que para acceder a esa categoría se debían pagar treinta años de cuota social, suma muy importante si se considera que el Club Náutico Albatros era sólo un proyecto en aquellos días. No había obras concretadas significativas ni se ofrecía ningún servicio, lo cual hacía menos atractiva la idea de ser un socio vitalicio de un Club en proyecto, sin la seguridad de que los fundadores finalmente concretaran las obras mínimas necesarias para poner en marcha el ansiado Club. El único beneficio más o menos tentador que había era la amarra vitalicia sin límite de eslora y una pequeña facilidad de pago de las cuotas. A pesar de todo lo comentado, se consiguieron veintinueve personas que pagaron treinta años adelantados de cuota social. Eran otras épocas. Eran personas que tenían fe y confianza absoluta en que los trabajos se iban a terminar y en que el dinero estaría en manos de gente que no los iba a defraudar. Y así fue.
Algo para destacar, los Sres. De Stéfano y Restivo, pagaron el importe al contado y nunca concurrieron al Club. Nunca lo usaron porque no eran nautas.
Cuando se estaban terminando los trabajos más grandes de dragado y de construcciones estaba también comenzando una nueva época de la náutica en el país, los barcos de plástico. Este cambio fue revolucionario ya que la náutica comenzó a ser cada vez más accesible a la gente y la primera consecuencia que esto produjo fue la necesidad de contar con amarras para una cantidad creciente de embarcaciones. Los clubes más antiguos de la zona comenzaron a saturarse y nuestro club contaba cada vez con más demanda de amarras. Llegó a haber en un momento y de manera permanente una lista de espera de entre 10 y 15 embarcaciones las cuales iban entrando a medida que se iban terminando de construir las amarras. Eso dio una continua entrada de dinero que se aplicó sistemáticamente a las obras de infraestructura del Club.